En ese momento, Charlie no sabía si era incapaz de reaccionar o si simplemente no quería hacerlo.
Sentir los labios suaves y dulces de Quinn sobre los suyos era como un hechizo paralizante que le impedía moverse por completo.
Después de un buen rato, notó que la respiración de Quinn se volvía entrecortada y que sus propios impulsos empezaban a descontrolarse peligrosamente.
No quería admitirlo, pero la tensión entre ambos era evidente, y la habitación parecía calentarse junto con el momento.