Fue entonces cuando el minibús Toyota y su comitiva regresaron al Tokyo Dome, y el personal de seguridad se alineó en la entrada, inclinándose respetuosamente mientras el convoy ingresaba al recinto.
Yoshitaka estaba temblando mientras observaba cómo regresaba aquel supuesto convoy de la CIA, tan traumatizado como furioso.
¡Habían pisado su territorio, y justo en el centro de su dominio!
¡Intentar un secuestro delante de sus propias narices! Aquello no era solo una ofensa, era una humillación