Yoshitaka no era ningún tonto; simplemente había juzgado mal una decisión anterior y se había aferrado a ella, haciendo que el error se fuera agravando con el paso del tiempo.
Precisamente por eso no se había preocupado cuando su hija expresó sus sospechas, incluso discutiendo casi por reflejo.
Pero ahora, con Kathleen explicándole toda la situación, por fin recobró la lucidez y se dio cuenta del enorme error que acababa de cometer.
Tan solo imaginar lo que podría haber ocurrido, tal como lo