En trescientos años Fleur jamás había sentido tanto miedo como hoy.
Ese extraño sentimiento de miedo surgió en su mente como una inundación, dándole la sensación de estar en un descenso acelerado.
A pesar de vivir por cuatrocientos años y fortalecerse con el tiempo, su coraje parecía disminuir a medida que envejecía. A lo largo de los años, lo que más había temido era dos cosas: envejecer y morir, y que su verdadera identidad quedara expuesta.
Por lo tanto, aunque había muchos miembros en la