Con un poderoso y majestuoso ímpetu, el Señor Chardon rugió: “¡Trueno, ven!”.
Acorde a la escena que el Señor Chardon tenía imaginada en su mente, después de su atronador grito, el cielo estaría cubierto de nubes oscuras y retumbando con truenos ahogados. Seguido de eso, un rayo tan grueso como un balde de agua descendería del cielo, golpeando directamente la cabeza de Charlie.
Él creía firmemente que incluso si este rayo no pudiera golpear a Charlie directamente, lo dejaría completamente inca