Charlie asintió. “De acuerdo, entonces. ¡Pídeles que consigan que un instructor de paracaidismo suba al avión conmigo para que me enseñe cómo soltar el paracaídas y a controlar la dirección durante el trayecto!”.
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Después de volar durante más de cuatro horas, el Concorde de Charlie finalmente aterrizó en el Aeropuerto de Beirut, en la capital del Líbano.
Era de tarde en Beirut, y la temperatura ya había alcanzado unos 30 grados centígrados.
El cielo estaba un poco nublado y el aire estab