En ese momento, el mayor deseo de Doris era que sus padres la comprendieran algún día, pero ni en sus mejores sueños imaginó que su deseo se haría realidad hoy.
Al pensar en esto, Doris se sintió tan conmovida que sus ojos se enrojecieron y estaba a punto de derramar una lágrima.
Para que sus padres no la vieran llorar, Doris se apresuró a decir: "Mamá, Papá, espérenme aquí. Voy a arreglar los trámites del alta ¡y nos vamos a casa!".
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Mientras Doris realizaba los trámites de alta en el ho