Charlie sintió primero el toque suave y tierno de los labios de Nanako, y luego un sabor ligeramente salado y amargo en la boca.
Él sabía muy bien que ese era el sabor de las lágrimas de Nanako. En ese momento, él sentía por ella un afecto incesante pero también de impotencia.
Sus labios se separaron suavemente unos segundos después. Nanako miró a Charlie con los ojos enrojecidos y sollozó: “Sr. Charlie, por favor no me olvide nunca…”.
Charlie asintió, respondiendo gentilmente con seriedad: “