El salón se convirtió en un caos en cuestión de segundos. Los guardias de Verona atacaron sin piedad, mientras Elián y sus hombres respondían con igual determinación. Seniah quedó en el centro del tumulto, desarmada pero no indefensa. Con la misma daga que había arrojado, ahora en su poder nuevamente, enfrentó a Verona. Ambas hermanas intercambiaron miradas llenas de odio acumulado, pero Seniah no tenía tiempo para una confrontación prolongada.
Verona, al darse cuenta de que Paolo se había esca