El ruido ensordecedor de los motores del avión y el estruendo de los disparos comenzaron a desvanecerse mientras el avión ascendía rápidamente hacia el cielo. La tensión en la cabina de carga era palpable, cada miembro del equipo respiraba aliviado, pero aún estaba en guardia. El Buster, una vez tambaleante y lleno de polvo y chispas, estaba finalmente a salvo dentro del avión, asegurado por los ganchos que ahora lo mantenían firme.
Owen, exhausto, pero con una chispa de triunfo en sus ojos, se