―¡Mierda! ¿Por qué está tan alto esto! ―se quejó Clarisse mientras daba saltos para poder alcanzar el recipiente con cereal en la repisa. El antojo de esa tarde era cereal con gaseosa en vez de leche―. ¡Maldición!
―¿Necesita ayuda, Clarisse? ―detrás de ella estaba Peter que la encontró en aprietos.
―Oh, sí, sería genial que alcances para mí ese frasco. No he podido yo sola.
―Al menos no se la ha ocurrido subirse a la silla ―bromeó y le entregó el aperitivo, pero ella se le quedó mirando directa