―Gracias, Galen. Cuando regrese dile que me llame ―pidió Rose, afablemente.
―Por supuesto, se lo diré apenas la vea ―se despidieron y dieron por finalizada la llamada. De pronto el rubio soltó un suspiro profundo y se pasó la mano por la cara―. Mierda, no imaginé que mentir sería tan difícil. Sentía que el corazón se me iba a salir por la boca en cualquier momento, ¡que estrés! ¿Has logrado dar con la clave de esa cosa?
―No, ni idea de cuál contraseña usó Clarisse. Ya intenté con nuestros cumpl