―¡Mierda, mierda, mierda!
Owen corría tan rápido cómo podía hacia el ala perteneciente a su jefe, mientras que eran escoltados por un grupo de guardias fieles a Brion y abrían paso de ser necesario. Decir que estaba bajo mucha presión se quedaba corto porque literalmente cargaba con una vida sobre sus hombros, una vida que se estaba apagando.
Abrieron las puertas para ellos y de inmediato dejó al malherido Jeremy sobre la cama con dosel, tiñendo las sábanas de sangre.
―¡Liza, sálvalo! ―le rogó