—¡Eres un insolente! —gruñó la reina y tuvo un ataque de tos—. Podré estar al borde de la muerte, pero recuerda que aun sigo siendo la reina de Velghary. Yo estoy por encima de ti y siempre será así, tu título noble no te da ningún derecho o poder. ¡Y lo que sea que estés planeando no pasará!
—¡Madre! —saltó Carmina en defensa de su esposo.
—¡Ha callar, jovencita! —le ordenó dando un golpe con el bastó—. No olvides que lo que tienes es porque naciste de mí.
—Mamá, déjalo pasar antes de que te o