La jaqueca que azolaba su cabeza era verdaderamente atroz, ni siquiera con medicamente podía aliviar el dolor, pero era de esperarse luego de haber inalado un somnífero. A pesar de que le inyectaron algo para contrarrestarlo, aún seguía con mucho sueño y sólo estaba utilizando su fuerza de voluntad para no rendirse.
Miró a su alrededor, analizando todo lo que llamaba su atención. La decoración no era igual a la del lugar en el que vivía, pero estaba seguro de que la reconocía. La alfombra azul