El grupo de autos se detuvo frente a la casa y todos bajaron, mientras que el personal cargaba las bolsas de las compras. Los padres de Clarisse no estaban para nada acostumbrados que hubiese personas dispuesta a cumplir con cualquier petición que tuvieran. Incluso llegaron a insistir en cargar sus propios paquetes, pero los guardaespaldas no se los permitieron bajo ninguna circunstancia, ya que Soren dio la orden de que los trataran cómo se merecían.
—¿Liza? —llamó la pelinegra, entrando a la