Cuando Liza llegó de la cocina con una bandeja de bebida y vio al hombre que llegó, simplemente se quedó en shock y dejó caer lo que sus manos sostenían. El estruendo de los vasos de cristal rompiéndose y la charola rebotando en el suelo se esparció por el salón, pues antes sólo había un silencio sepulcral.
—¿Estás bien, Liza? —preguntó Rose, mostrándose sorprendida por esa acción.
Se posicionó a un lado de la ama de llaves, la cual que cómo el resto no se movía y únicamente miraba a Darren.
—¡