El aire nocturno se sentía más frío que antes. Aun así, durante las noches en la carreta, Howarth había esperado poder disfrutar de un descanso cómodo en el pueblo de destino.
Pero bajo el cielo oscuro como ahora, Howarth permanecía de pie frente a la casa, la luz de las antorchas reflejándose en sus iris ámbar. Frente a él, decenas de aldeanos se habían reunido. Rostros tensos. Susurros que ya no intentaban ocultar.
A su lado, Sebastian también estaba de pie. Su rostro seguía pálido, aunque al