Capítulo 22
Desvió la mirada antes de que el deseo lo traicionara. Respiró hondo, controlando el impulso como hacía con un caballo arisco.
Dolores notó el silencio y alzó el rostro.
—¿Qué pasa?
—Nada. Solo estaba pensando que necesitas descansar más.
Ella sonrió. Estiró la mano y tocó su antebrazo, un gesto simple que lo incendió por completo.
—¿Te quedas conmigo?
Él asintió, se quitó las botas, el cinturón, y se acostó a su lado.
¿Desde cuándo era ese tipo de hombre?
No lo sabía. Nunca lo habí