La cena con los inversionistas de Knight Industries fue una tortura refinada que se extendió durante horas interminables. Sentada en la cabecera de la inmensa mesa de comedor de la mansión, Alissa se sentía como un maniquí de cera. Llevaba el vestido de satén esmeralda que Daniel había elegido; un diseño de cuello alto que cubría perfectamente la marca rojiza que los dedos de su esposo habían dejado en su antebrazo horas antes.
Daniel estuvo impecable ante sus socios. Sonreía, bromeaba sobre el