—¡Susane! —la mujer se separó abruptamente de Theodore al reconocer la voz de su hija.
Al ver a su madre, bajando de aquel auto y vestida de esa manera, la caprichosa joven quiso avergonzarla.
—¿Qué ridiculez es esta, mamá?
—¡Sam! No me hables así —dijo llena de vergüenza.
—¿Samantha? —Theodore pronunció su nombre y ella volteó a ver al extraño que acompañaba a su madre.
—¿Theo? ¿Qué haces aquí? —cambió su tono de voz.
—Vine a traer a tu madre. ¿Simons, cómo está? —preguntó intentando