No todo lo que queremos, podemos tenerlo...
A la hora del almuerzo, Gari salió apresurado de su oficina, necesitaba hablar con su madre y saber a que se debía esa repentina decisión de regresar al pueblo. Condujo hasta la mansión Cliffort y minutos después, estacionó su auto y bajo del coche.
Ya la mes estaba servida la mesa cuando entró, por lo que tuvo que dirigirse directamente hasta el salón comedor.
—Buenas tardes —saludó y se sentó al lado de la silla donde estaba su madre.
—Pensé que mi hija vendría contigo. —comentó Simons.