Finalmente llegó el momento esperado, tanto Gerald como su madre, estaban listos para la lectura del testamento de Aaron Fitzgerald. Priscila, con la ayuda de Gabriela, arregló y maquilló a la hermosa mujer, quien en algunos momentos parecía perder la noción de la realidad “o eso pensaba Priscila” cuando algo alterada terminaba inculpando a la enfermera por la muerte de su esposo. En esos instantes, la pelicastaña asumía que se debía a que Gabriela era quien cuidó de ella durante todo ese tiemp