Finalmente llegó el día esperado, Gerald se despidió de Priscila.
—Te deseo mucha suerte, Gerald. Quisiera poder acompañarte, pero tengo que ir a la empresa.
—No te preocupes, estaré bien. Gracias por todo, Priscila. Si no vuelvo a verte, quiero que sepas que agradezco todo lo que me diste y no supe valorar. —Priscila sintió un nudo en la garganta e inmensas ganas de llorar, lo abrazó y él trató de no quebrarse.— ¿Puedo pedirte algo? —ella asintió— Cuida de mi madre, por favor —Priscila lo abr