Valeria Sanroman
El viento suave acaricia las flores del pequeño jardín del convento mientras camino hacia la capilla, sintiendo el peso de las últimas horas aplastándome el pecho. Cada paso me acerca más a lo inevitable, a la confesión que aún no estoy preparada para hacer. Sor Carmela siempre ha sido mi refugio, mi guía en los momentos más oscuros, pero esta vez... esta vez siento que la oscuridad dentro de mí es demasiado grande, demasiado pesada para compartirla con alguien más.
Me detengo