Valeria Sanroman
El silencio en la sala se vuelve pesado, cargado de palabras no dichas y emociones reprimidas. Me siento atrapada entre la vulnerabilidad de mi confesión y la frialdad que emana de Lucas. Su expresión, en lugar de comprender, se torna en una burla socarrona que me hiere más de lo que esperaba.
—¿Cómo es posible que un niño que ni siquiera has tocado pueda ser tuyo? —su risa suena amarga y cruel, y mis entrañas se revuelven al escucharla.
—No puedes estar en lo cierto. —Mi voz t