Valeria Sanroman
El frío aire de la tarde me golpea el rostro mientras nos acercamos a la mansión. Mi corazón late con fuerza, como si supiera que, al cruzar ese umbral, no habrá vuelta atrás. Luca camina a mi lado, silencioso, pero puedo sentir la intensidad de su presencia. Me doy cuenta de que, a pesar de todo lo que nos separa, él sigue siendo mi ancla en medio de esta tormenta. Quiero aferrarme a él, pero no puedo. No ahora.
La mansión se alza imponente frente a mí, una reliquia de tiempos