—Lo lamento —expresa, admitiendo de inmediato su error—. Y-Yo no… No quiero hacerte llorar, pequeña… —La abraza con fuerza—. Por favor… Dime que todo está bien.
—S-Sí… —Ella asiente, aunque un poco insegura por dentro—. Vamos a estar bien. ¿Verdad?
Los ojos del hombre se llenan de lágrimas, porque quisiera responderle eso, pero él no lo sabe.
—No lo sé… —admite—. Lo intentaremos… ¿A dónde vas? —inquiere con un nudo en el pecho al verla levantarse.
Ella duda antes de hablar.
—Ya es tarde y…
Él