Victoria rebuscó las palabras con cuidado, tratando de no alertar a los niños ni de darles pistas de que algo grave ocurría, pero el rostro demacrado de Annie decía a gritos todo lo contrario.
Annie tragó el nudo de lágrimas que le raspaba la garganta. Miró a los niños, luego a su madre, y sintió que las paredes del local se cerraban sobre ella.
—Yo... discúlpenme un momento. Necesito hacer algo en la bodega —soltó Annie de forma atropellada.
Se puso en pie rápidamente y huyó hacia la parte