—Cuando me llamaste, me sorprendió bastante —disparó Valentina como saludo—. Creí que seguirías pudriéndote en la cárcel.
Scarlett soltó una risa cínica, apoyando los codos sobre la mesa.
—¿Cómo crees que seguiría en la cárcel? —respondió con arrogancia—. ¿Acaso tú no deberías estar también en la cárcel, Valentina? ¿O es que el fraude corporativo te parece un delito menor?
El rostro de Valentina se tensó. El enfrentamiento verbal estalló allí mismo, salvaje y sin filtros. Scarlett comenzó a esc