— Esta ya no es tu casa… — Gruñó Ares, con la voz baja, cargada de mucho más que un simple enojo. — Nuestro padre te envió con otra manada para unirte con la hija de su alfa… Ahora perteneces a ellos.
El aire del claro se tensó de inmediato, Eros se detuvo a unos pasos de Ares, sin mostrar sorpresa, su expresión seguía siendo tranquila, como si la rabia de Ares fuera una reacción exagerada.
— No seas así, hermano… — Respondió Eros, ladeando la cabeza con una expresión de desdé