—Vamos, entra rápido —empujé a Holden dentro de mi habitación y cerré la puerta de inmediato.
Uff, sobrevivimos al posible desastre.
Mientras yo intentaba recuperar el aliento, Holden dio una vuelta lenta, silbando entre dientes mientras observaba toda la habitación.
—Vaya. Esto es… espartano —rodé los ojos, deteniéndome a su lado—. Me siento ofendido, Godoy. ¿Dónde están las fotos de tu mejor amigo? Ni un cuadro, ni una mísera postal... Nada.
—¿Acaso tú tienes fotos mías en tu grandioso y sofi