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Capítulo 16 — Lo siento, creo que me arrepentí…

—Vamos, entra rápido —empujé a Holden dentro de mi habitación y cerré la puerta de inmediato.

Uff, sobrevivimos al posible desastre.

Mientras yo intentaba recuperar el aliento, Holden dio una vuelta lenta, silbando entre dientes mientras observaba toda la habitación.

—Vaya. Esto es… espartano —rodé los ojos, deteniéndome a su lado—. Me siento ofendido, Godoy. ¿Dónde están las fotos de tu mejor amigo? Ni un cuadro, ni una mísera postal... Nada.

—¿Acaso tú tienes fotos mías en tu grandioso y sofisticado penthouse? —le pregunté, cruzándome de brazos.

—Por supuesto, Adara... Tengo una en la nevera, pegada con un imán que dice "Yo amo los códigos". Me recuerda que en el mundo existe alguien más obsesionada con los bucles infinitos que yo.

Tonto.

—Estás mintiendo —sonreí divertida, mientras lo veía caminar en el diminuto espacio—. No serías capaz de tener una foto mía en tu lugar de ligues continuos.

—Pff... ¿Por quién me tomas? No todo el mundo entra en mi penthouse. Eso es un privilegio que solo lo tendrá mi futura esposa, quien da la casualidad, serás tú, así que disfrútalo —y entonces se detuvo frente a la cama y se dejó caer de espaldas, hundiéndose con fuerza sobre el colchón—. Vaya, esto es mucho más cómodo de lo que parece. Huele a ti... A vainilla.

Oh.

—Levántate, grandulón, y ayúdame a escoger algo medianamente decente para la comida con tu familia.

—¿Para qué? Ya te he dicho que en mi casa hay medio armario esperando por ti. Hay muchas cosas bonitas... Con mucho encaje también.

Imbécil.

—No voy a salir con tu familia vestida como una estudiante cachonda, Holden. Tus fantasías son asquerosas, por cierto —le hice una mueca y caminé hacia el armario. Lo abrí, buscando desesperadamente algo que no fuera demasiado simple o viejo, pero salvo por el vestido de la cena de compromiso y el de anoche... No tenía nada más.

¡Rayos!

—Adara, necesito que comprendas algo que en mi mundo es lo normal... Mi abuelo te vio esa noche usando un vestido de una colección que aún no ha salido a la venta... Creo que tu reputación de "prometida fashionista" está más que asegurada. No te compliques, de todos modos, tenemos que ir al penthouse, allí te cambiarás.

Agh... ¿Acaso tengo opción?

—Hablando de eso —me giré hacia él, señalándolo con un dedo acusador—. ¿Por qué no me dijiste nada sobre ese almuerzo? ¡Me pillaste totalmente desprevenida! ¡Frente a mi familia!

—Porque yo también estaba desprevenido en mi cama —él se encogió de hombros, jugueteando con el borde de mi almohada y sonrió rápido—. Me avisó hace una hora y dijo textualmente, y lo cito: "Trae a esa chica a almorzar. Quiero ver si la química es real o si estás contratando actrices baratas otra vez". Así de directo.

¿Qué?

Mi estómago se revolvió y arqueé una ceja, sorprendida de su descaro.

—¿Otra vez?

—Es una larga historia, Adara. El punto es que el abuelo quiere atraparnos con la guardia baja y ver si somos reales y esas tonterías.

—¡No somos reales! —exclamé con voz baja y él asintió riéndose—. ¿Realmente crees que podremos engañarlo?

—Eres mi mejor amiga, Adara... No hay nada que no sepa de ti.

—¿Ah, sí? —alcé las cejas, escéptica con su declaración, poniendo mis manos en la cintura—. Muéstrame. Quiero ver qué tanto sabes de mí, según tú.

La manera en la que los ojos de Holden Somerset brillaron solo me hizo sentir más relajada. Siempre sucedía cuando pasábamos tiempo juntos.

Éramos la terapia del otro.

Además, si había algo que Holden amaba más que follar con mujeres y el dinero, eran los desafíos.

Y yo lo había desafiado.

—Mmm... Sé que te gusta el café bien cargado, pero que casi nunca lo tomas y te decides por el jugo en su lugar. Oh, también, que te refugias en la programación cuando estás estresada, y que tienes un lunar en la parte baja de la espalda que apenas y se nota de lo delicado que es.

Me moví en mi lugar y tragué grueso. No sabía qué diablos decir después de eso.

—Interesante... —sonreí y él se sentó en la cama, decidido a seguir jugando—. ¿A ver... ¿Y qué se supone que sé yo de ti?

Aquella pregunta solo lo motivó más y más.

—Tú sabes que mi café es tan negro como mi alma —me reí y asentí, de acuerdo con él—. También que finjo ser un idiota cuando quiero conocer el verdadero potencial de una persona, y que tengo una cicatriz en la cadera de cuando intenté saltar una valla por impresionarte en segundo año de la universidad —Holden me miró fijo, serio por una vez—. Tengo muchos recuerdos de nuestras vivencias y eso es más de lo que la mayoría de parejas "reales" sabe el uno del otro. Actuaremos bien, no te preocupes por pequeñeces.

Eso espero, Somerset.

Su confianza era realmente contagiosa, pero también seguía aterrándome porque sí, él tenía razón.

Lo conocía a la perfección y él me conocía… casi por completo. Aun así, podríamos cometer algún error.

Tenía que tener mucho cuidado.

—Una cosa más, Somerset —decidí tocar el tema, sintiendo cómo el calor subía a mis mejillas y sabiendo que Holden aprovecharía eso para burlarse de mí—. Lo del beso en la cocina. No vuelvas a hacerlo, por favor.

Tal y como esperaba, él se apoyó sobre sus codos y una sonrisa pícara iluminó su rostro.

—¿Por qué, Godoy? ¿Te pusiste nerviosa?

—¡No, idiota!

—Tu rostro está tan rojo como un tomate, Adara —se rió y luego me guiñó un ojo—. No te avergüences, sé que soy irresistible. Es la reacción más normal de las mujeres.

Pero qué imbécil.

Sin esperar, agarré la almohada más cercana y se la lancé directo a la cabeza, pero él esquivó aquel ataque riéndose como idiota.

—¡Fue una invasión a mi espacio personal! —protesté, aún con el rostro rojo.

—Es parte del contrato y créeme que recuerdo muy bien la cláusula 4b, ya que es mi favorita: "Contacto físico creíble en entornos familiares". Recuerda que lo firmaste y todo, Godoy —se levantó de la cama y comenzó a caminar hacia mí—. Ahora dime la verdad… ¿fue tan horrible que te besara?

Le mostré el dedo medio y me alejé de golpe porque su colonia me estaba mareando.

—Jódete, Somerset. La próxima vez que lo hagas, te castraré.

—Eso suena prometedor —volvió a reírse, pero se detuvo cuando vio mi expresión seria e indignada—. Está bien, está bien, Godoy... Solo te tocaré con consentimiento. Lo juro.

Uff, al menos ya no tendré que preocuparme de que mi corazón estalle gracias a sus arranques de locura.

—Bien. Ahora, sal un minuto, tengo que cambiarme.

Él extendió las manos y yo caminé hacia el baño, cerrando la puerta y respirando hondo.

Dios, lidiar con Holden nunca ha sido fácil, pero ahora que tenemos que fingir ser una pareja, la dificultad había aumentado el triple.

Comencé a desvestirme y cuando estuve completamente desnuda, fue que me di cuenta.

No.

No. No. No. No.

Mi sostén.

Estaba colgado en la percha detrás de la puerta de la habitación y Holden seguía aquí. El muy idiota no se había ido.

Maldita sea.

Respirando profundo, cubrí mi cuerpo con una toalla que me quedaba demasiado corta, y golpeé suavemente la puerta y casi de inmediato escuché su voz.

—Holden.

—¿Sí, futura esposa?

—¿No te dije que te fueras?

—Quise quedarme por si necesitabas algo —soltó todo el aire contenido y yo cerré los ojos con fuerza—. No te preocupes, no voy a entrar al baño.

¿Acaso esto puede ser más vergonzoso?

—Esto... Mi… sostén. Está afuera, en la percha. ¿Podrías…?

Hubo un silencio demasiado largo y yo sentí que me desmayaría en cualquier momento.

—¿Tu sostén? —preguntó, y juro que fui capaz de escuchar la risita en su tono de voz—. ¿El que es negro y con un lazo diminuto en el centro? ¿Te refieres a ese?

¿Eh?

—¿Cómo sabes que es negro y tiene un lazo?

—Lo vi cuando cerraste la puerta. Soy observador, Godoy... Y es muy tu estilo, imaginé que querías ese.

—Holden, por favor…

Y entonces la puerta del baño se abrió un centímetro y su mano apareció, sosteniendo el pedazo de tela con un solo dedo, como si fuera algo extremadamente delicado.

—Aquí tienes. Tu prenda íntima, futura señora Somerset.

Con el rostro más enrojecido que nunca, estiré el brazo para agarrarlo, pero él lo retiró casi al instante.

Joder, no ahora.

—¡Holden, ya dámelo!

—Lo siento, creo que me arrepentí... ¿Qué me darás a cambio de tu sostén?

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