Mundo ficciónIniciar sesiónAquella frase, dicha con esa naturalidad obscena que lo caracterizaba, surtió el efecto deseado para él. Amira palideció y mamá dejó escapar un pequeño jadeo, lleno de asombro.
Y cuando por fin me recuperé lo suficiente como para volver al juego que habíamos planeado, me acurruqué contra su costado, mirándolo con una adoración exagerada. Amira volvió a removerse incómoda y yo volví a sonreír. —Oh, Holden. No hace falta tanto. Estoy segura de que tu penthouse es perfecto, pero si insistes en mimarme así… ¿cómo podría negarme? Podemos ver algunas propiedades solo por si acaso. Holden me apretó contra él, orgulloso de mi respuesta… y de que recalcara la palabra Penthouse. Estaba segura de que por dentro se estaba riendo sin compasión. Él sabía que yo odiaba todo lo que fuera un exceso. —Esa es mi chica. Ahora, ve a cambiarte, que ya tenemos que irnos. —¿Cambiarme? —respondí, fingiendo sorpresa y haciendo un puchero—. ¿Y qué pasa con este look de "recién salida de la cama" que tanto te gustó? Salgamos así. —Me gusta en privado, preciosa —respondió, bajando la voz solo para que yo lo escuchara, pero al mismo tiempo lo suficientemente alto para que Amira escuchara también—. Para el mundo exterior, quiero que siempre lleves lo mejor. Pasaremos por una tienda y comprarás todo lo que quieras. Solo lo mejor para mi futura esposa. Oh, sí... Definitivamente no sufriré de nada este año. La sonrisa en mis labios ahora era real. De pura malicia, miré a Amira, quien estaba a punto de partirse los dedos, solo con la fuerza de su puño. Estaba a punto de explotar. Y cuando quise asentir e ir a mi habitación, una maliciosa idea se cruzó por mi mente. —Oh, pero espera —le dije, como si acabara de recordar algo y lo miré con ojos grandes—. Creo recordar que hoy es la prueba del vestido de novia de Amira. ¿No es así, hermanita? Lo mencionaste ayer y me dijiste que te acompañara. Qué lástima que no pueda ir a verte gracias a este compromiso… a menos que… Holden captó la idea al instante y su rostro se iluminó con una falsa generosidad. Amira me había invitado solo para poder seguir regodeándose de su matrimonio en mi cara y ahora yo pensaba darle la vuelta a la tostada. —Oh, lo lamento... No sabía que Amira tenía su prueba hoy... Tendré que llamar al abuelo para posponer la comida o quizás... ¿Qué tal si las llevo y las acompaño un rato? —¿Qué? —murmuró mi hermana, como si no se lo creyera—. ¿Nos llevarán con ustedes? —¡Por supuesto, no hay problema! Solo nos desviaremos un poco, no será un inconveniente. En realidad hasta será divertido y Adara quiere cumplir su promesa de acompañarte. ¿Qué dices, Amira? Tu hermana y yo las llevaremos en mi auto nuevo. Tiene los asientos traseros más cómodos del mercado, te encantará. Ya ni sabía quién disfrutaba más molestando a Amira, si Holden o yo. Mi hermana abrió la boca para negarse, algo que era obvio porque no iba a seguir permitiendo que continuaran con aquella humillación, pero mi madre, ahora necesitada de acercarse a la órbita Somerset, saltó y la interrumpió. Lo siento, Amira. Así son las cosas cuando eres la relegada. —¡Qué maravillosa idea, Holden! ¡Amira está encantada, muchas gracias! Así ella podrá pasar más tiempo con su hermana y su futuro cuñado... Quizás hasta Adara consiga algún vestido que le guste para la boda. Oh. La presión fue demasiado para mi hermana. Ella estaba loca por decirle que no y salir con una de sus groserías, pero en estos momentos no podía hacer eso. Solo la haría quedar peor que antes. Amira había visto nuestra trampa, pero no podía escapar sin parecer una malcriada frente a nuestros padres. —Está… bien —respondió, con los dientes apretados—. Si no es mucha molestia para ti, Holden Somerset. —No es ninguna molestia —Holden chasqueó, completamente radiante—. Al contrario. Va a ser un día… inolvidable para todos. Eres la hermana de mi futura esposa y si ella quiere acompañarte en tu prueba, ¿pues quién soy yo para negárselo? Si Holden es tan encantador con las mujeres y tan atento... ¿Entonces por qué está soltero? Jamás le he conocido una novia formal… Solo ligues de una noche y máximo una semana. Todas me odiaban, por cierto. —Bueno, ya que todo está decidido... Ve, Adara. Anda a cambiarte y ponte más hermosa de lo normal —me dijo, y yo asentí después de acercarme y darle un beso en la mejilla, que lo hizo sonreír de una forma que lo hizo verse más guapo que nunca—. Tú también Amira y usted, suegra... Les prometo que el paseo en mi camioneta les gustará mucho. —Qué amable es usted... Digo, Holden. Gracias. —Torpe presumido —gruñó mi hermana y se me adelantó al subir las escaleras, como un vendaval descontrolado. —¡Amira Godoy! —exclamó mamá, en un tonto intento por reñirla y que no funcionó en absoluto. ¡Si nunca antes la habían reñido!—. Lo siento muchísimo, señor Somerset. Le prometo que… Holden negó con las manos y los miró a ambos. —No tienen que disculparse. Amira solo está estresada, debemos entenderla... Una boda no debe ser tan fácil de planear. Holden me guiñó un ojo, feliz por cómo habían cambiado los planes originales. Y en ese momento, supe, con una confiaza desbordada y al más puro estilo de mi mejor amigo, que el día de la prueba del vestido de Amira estaba a punto de convertirse en su peor pesadilla. —Oye... Ven conmigo. —¿A tu habitación? —el castaño fingió decoro y yo le rodé los ojos y lo golpeé en el hombro—. No creo que sea adecuado visitarte en tu habitación estando tus padres tan cerca... Lo siento, señorita Godoy. Yo… —Vamos, tonto —lo tomé del brazo y, bajo la atenta mirada de todos, lo obligué a subir las escaleras a mi lado—. Necesito que me ayudes a escoger el atuendo para el almuerzo... ¡Apúrate! Este era el sueño más bonito que alguna vez hubiera tenido. Mi hermana odiaba que todo me estuviera saliendo bien. Papá y mamá ya no sabían de qué lado ponerse y seguían actuando bajo su ambición y no con su corazón. August no había vuelto a pisar la casa de mis padres, ni llamado a Amira. Y Holden y yo... Bueno, cada día nos entendíamos más. Al menos ya no quería lanzarlo del balcón.






