Lucian salió del edificio sintiendo que el corazón se le saldría del pecho para ir a reencontrarse con Emma, su Emma. Las manos le picaban por la necesidad de tocarla y sentía el cuerpo pesado, como si todo su ser se negara a crecer la distancia entre ellos, pero ya no era suya.
Estaba con alguien más, y era feliz.
“Deberías ser tú, ahí con ella” con tristeza tuvo que darle la razón a la molesta voz de su cabeza, pero ya era demasiado tarde.
Perdido en sus pensamientos, encendió un nuevo cigarr