434. ESTAMOS VIVOS
NARRADORA
Aun así, la pasó por su frágil cuello y se colocó la reliquia.
La piedra oscura se estremeció y brilló con mayor intensidad, como si los rayos de sol estuviesen resplandeciendo en su interior.
El viento aullaba entrando por la puerta de cristal, que daba bandazos rítmicos.
La bata blanca de dormir de Lavinia ondeaba con violencia.
Su cabello se elevó revoloteando mientras haces de luces rodeaban su cuerpo.
—¡Quiero ir con mis padres! ¡Quiero ir con mamá! ¡Salven a mis padres! —gritó a