313. UNA PRESA VIRGINAL
FENRIR
—Solo… bueno, no quería que se te mojara la ropa… —“ni la braga”.
Comencé a balbucear todo tipo de justificaciones, una más idiota que la otra.
De repente se incorporó, sentada, y esos preciosos pechos rebotaron.
Yo luchaba por mirarle a los ojos y entonces me di cuenta de que algo no iba bien.
—Abiga, ¿qué sucede? Lo lamento, de verdad, solo quería ayud…
Las palabras quedaron atascadas en mis labios cuando fui asaltado por los suyos en un beso abrasador.
Y no en el sentido figurado, sin