312. TENTACIONES INSOPORTABLES
FENRIR
“¡Te dije que no arde por la excitación, algo más sucede en su interior, no es normal, necesitamos enfriarla!”
Mi lobo rugió y pasé de estar cachondo a preocuparme seriamente.
—Abigail, nena, no me asustes, ¡reacciona…! —le hablé de cerca, pero de sus labios entreabiertos solo salían jadeos sofocantes.
Casi escocía en mi rostro de lo caliente que estaba su aliento.
Gemía, retorciéndose, y no precisamente de placer.
“¿Recuerdas esa grieta que encontramos por el camino y sentimos que era f