255. LA SOLUCIÓN DEFINITIVA
SIGRID
No supe qué decir ni hacer; una lágrima silenciosa rodó por la esquina de mis ojos que solo miraban hacia el cielo.
¿Cómo no lo vi antes? Ahora me resultaba tan evidente.
El hombre que hablaba con calidez a mi espalda, que me abrazaba y susurraba palabras de amor en mi oído, mi mate, es el supuesto villano.
El más temido, el más cruel y sanguinario, es increíble cómo los vencedores pueden tergiversar la historia.
—… pero me puedes seguir llamando Silas, en realidad Umbros no es un n