251. COQUETEANDO CON LA "MUERTE"
NARRADORA
—No grites, cariño, soy yo…
Meridiana dio un suspiro de alivio y se recostó como si no tuviese huesos, contra el amplio pecho de su macho.
Lo había extrañado tanto que ya iba a girarse para besarlo, pero recordó que aún “usaba” el cuerpo de la doncella.
—Espera… —se removió en sus brazos.
Rousse sabía su intención y la cargó en un segundo, acomodando el cuerpo de la mujer sobre la camita.
“No debo estar fuera de ella mucho tiempo… temo que pueda morir en cualquier instante”, le d