226. ME ENCANTAN LOS CHICOS MALOS
VICTORIA
Empujé mis nalgas a propósito contra su apretado pantalón de cuero, sintiendo ese falo estremecerse emocionado.
Metió la lengua en mi oído, chupándome eróticamente.
Ya su mano se cerraba sobre un pezón y la otra iba directo a tocarme entre las piernas.
—Mi mujer… Mmn… déjame revisar que estés bien…
Sus dedos se hundieron con delicadeza, sondeando mi vulva, acariciando sin prisas
y con dulzura entre los pétalos.
Estuve a un paso de ceder.
Ardía en deseos de permitirle tenerme…
—Le dije