147. DOMINANDO A MI ALFA
CELINE
Me giré casi temblando observándolo detenerse a unos metros, las pesadas cadenas rodaban por el suelo, aún unidas a los grilletes en sus manos que no parecían detenerlo para nada.
Diosa, ahora con luz, se veía más salvaje, peligroso y comestible, casi desnudo y con esa feroz erección apuntándome, apenas tapada por unos retazos de tela humedecida donde caía la punta de su miembro.
Sus ojos me miraban como siempre, llenos de control sobre mi voluntad, implacable, como un depredador que sab