098. EL REY VAMPIRO
VALERIA
Me incorporé enseguida, pegándome al intrincado respaldar de acero tallado con rosas y hojas en negro que imitaban a un jardín.
Mis piernas encogidas protectoramente contra mi pecho, el tintineo de la gruesa cadena se escuchó en la habitación, al igual que sus pasos acercándose al borde de la inmensa cama.
Lo miré con algo de temor a medida que veía con mayor claridad su cabello oscuro como ébano, los ojos rojos como la sangre fresca y esa sonrisa cínica en sus finos labios.
— ¿Qué quie