052. PASEO AL TEATRO
VALERIA
Enseguida caminé hacia la cama con el corazón apretado en mi pecho, pero suspiré aliviada cuando lo vi abrir sus ojitos azules, bien vivo y coleando.
— Muchas gracias, señorita Valeria, por ayudarme en el parque – me dice con una tierna voz infantil educada que me derrite el corazón.
Lo más triste de todo, dada mi situación de posible infertilidad, es que siempre me han encantado los cachorros.
— De nada, pequeño Edward, solo hice lo que cualquier persona haría – le respondo sentándome