VICTORIA
Salgo de la oficina de Lucien con el arma en la mano. La boquilla de cañón aún desprende humo luego de haberla disparado.
Escucho, como dejo el torbellino de voces asustadas, acaloradas, exaltadas.
El fuerte estruendo de mi compañero que hace retumbar hasta los cimientos de la mansión. El arquitecto tuvo que haber sido uno de los mejores para que esto no se haya caído.
Entro a mi habitación y doy vueltas de un lado a otro para tratar de calmar mi rabia.
No me importa si