Aria…
Sonreí suavemente y le pellizqué la oreja a Kaelen para provocarlo.
—Atrápame si puedes, grandote.
Él gruñó y corrí tan rápido como pude, con la cabeza baja y las piernas bombeando. En lugar de correr hacia la casa de la manada, decidí dirigirme al bosque. Allí tendría más facilidad para despistarlo.
Escuché un rugido ensordecedor detrás de mí y sonreí, sabiendo que por fin había perdido el control. Delante de mí había un campo de hierba, con el borde del bosque al otro lado.
Miré hacia a