Perla
Sigo al lado de Lidia, quien me mira.
—No les hagas caso. Siempre son así con las chicas nuevas. Ellos saben que está prohibido cualquier relación amorosa —informa—. O insulto.
Las dos salimos de la casa y nos dirigimos a la villa.
—Trabajé en un bar, como mesera y barman. Creerme qué allí los «halagos» eran peores, Lidia.
—Entiendo, ¿qué edad tienes?
—24.
—¡Ah, qué joven! Yo voy a cumplir 30, ¿el señor Greco te ha dado día libre? —me observa.
—No…
—Qué extraño. Puedes preguntarle