Fabiano
Cuando regreso a la oficina, veo a Fiorella sentada en mi sillón con las piernas cruzadas y mirándome fijamente mientras mantiene una expresión de pocos amigos.
—¿Tu padre llegó contigo? —me detengo al lado de ella.
La veo levantarse de mi sillón y acercarse a mí.
—No, viene dentro de un rato —anuncia, agarra mis mejillas y se inclina para darme un beso en los labios—. ¿Quién era esa?, ¿y qué hacía en tu oficina?
Me alejo de ella y me siento en el sillón.
—Fue una chica que encontré an