POV: Ellie
El despertador no dejaba de sonar, pero no podía moverme. Me quedé mirando el techo del cuarto de mi niñez, con el corazón a mil. Me latía tan fuerte que me daba miedo que me reventara las costillas.
¿Cómo podía estar viva? Yo había muerto, estaba segura de eso. Recordaba el veneno hirviendo en mis venas, recordaba la sonrisa cruel de Vivian mientras llevaba mi tiara, recordaba la oscuridad que me rodeaba mientras daba mi último aliento... Pero ahí estaba, rodeada por las paredes de amarillo pálido que yo misma había pintado a los dieciséis años. Las luces de Navidad alrededor de mi ventana aún parpadeaban con suavidad bajo el sol de la mañana.
Me incorporé despacio. Me temblaban las manos al tocarme el cuello. No había venas púrpuras. Ni rastro de aquel dolor insoportable. Palpé mi piel suave y sana.
«¿Ellie?», susurró una voz en mi mente.
Mi loba. Su voz era clara, viva. Hacía muchos años que no la oía así.
«Estás aquí», jadeé en silencio. «Pero ¿cómo?».
«Nos han dado otra oportunidad», respondió. «La Diosa de la Luna escuchó nuestro dolor».
Las manos me volvieron a temblar a medida que asimilaba la realidad.
«Pero ¿por qué?».
«Porque nuestra vida pasada fue una tragedia», explicó mi loba con una dulzura incomprensible. «La Diosa de la Luna te hizo la compañera destinada de Dominic con la esperanza de forjar un vínculo que fortaleciera el reino. Pero...».
El peso de sus palabras me golpeó como un martillo. La Diosa de la Luna había presenciado nuestro trágico final y le había parecido tan lamentable que decidió intervenir.
«¿Se arrepiente de habernos unido?».
«Tal vez».
—Así que el problema fue haber aceptado a Dominic como compañero —susurré en voz alta—. Entonces, esta vez, lo voy a cambiar todo.
Dieciocho años, otra vez. Tenía tiempo... Tiempo para cambiar las cosas antes de que todo se fuera a la basura, y no pensaba desperdiciar esa segunda oportunidad.
Mi madre estaba viva. Estaba abajo, probablemente preparando el desayuno y tarareando esa vieja canción que tanto le gustaba. No tenía idea de lo que Dominic le haría en el futuro. Estaba a salvo.
Y me iba a asegurar de que ella siguiera en libertad.
—¡Ellie! ¡El desayuno! —La voz de mamá subió flotando por las escaleras, y casi me pongo a llorar al escucharla.
Corrí hacia el espejo. El rostro que me devolvió la mirada era joven y no tenía esas marcas de amargura. Mi piel irradiaba salud en lugar de la palidez fantasmal que tenía en mi lecho de muerte.
Sin embargo, noté un cambio en mis ojos. Albergaban un conocimiento que nadie debería tener a los dieciocho años. Después de haber vivido un infierno, me prometí que todo iba a ser diferente.
Me vestí a toda prisa y bajé las escaleras. Ya no iba a cometer los errores del pasado: se acabó ir detrás de Dominic y confiar en las lágrimas falsas de Vivian. Pero lo más importante de todo: jamás me convertiría en su compañera. Debía romper el vínculo antes de que empezara a formarse. Dominic podía quedarse con Vivian, la loba a la que de verdad amaba. Que se pudran los dos.
El comedor olía a panqueques y café. Mamá estaba frente a la estufa con el cabello oscuro recogido en un moño desordenado, tarareando mientras servía el desayuno. Se veía llena de vida.
—Buenos días, cariño —dijo sin darse la vuelta—. Te has levantado temprano y eso que anoche te acostaste tarde.
Antes de que pudiera responder, unos brazos me rodearon por detrás.
—¡Buenos días, hermanita!
Era Vivian. Su voz sonaba dulce como la miel, igual que siempre. En mi vida pasada, creí que esa dulzura era real. Ahora no me dejaría engañar.
Se aferró a mí como si fuéramos las hermanas más unidas del planeta. Todos mis instintos me gritaban que me alejara de ella. Era la misma loba que me había robado el título mientras yo agonizaba. La que había reproducido aquella grabación en la que Dominic la elegía a ella.
La aparté de un empujón con la fuerza suficiente para hacerla tropezar hacia atrás.
—¡Ellie! —Mamá se volvió de inmediato, con los ojos muy abiertos—. ¿Qué te pasa?
Vivian se desmoronó y puso esa mirada de inocencia herida.
—¿He hecho algo mal? Solo intentaba darte un abrazo —aclaró.
La misma manipulación que siempre había utilizado. Las mismas lágrimas fingidas que habían engañado a todos, incluyéndome.
Pero esta vez era diferente...
Miré a Vivian con frialdad.
—No quiero que me toques —le dije con firmeza.
—¡Ellie Elizabeth! —Mamá dejó la espátula a un lado y se giró para encararme—. Pídele perdón a tu hermana ahora mismo. No sé qué te ocurre esta mañana, pero eso no es excusa para ser grosera.
Mi hermana. No, mi hermanastra. Mamá siempre había insistido en que éramos verdaderas hermanas, a pesar de que el padre de Vivian no concretó la ceremonia de emparejamiento con mamá hasta que yo cumplí diez años. Comment by 乔楚: ,
—No es mi hermana —sentencié en voz baja.
Las palabras flotaron en el aire como una cachetada. El rostro de mamá palideció, y Vivian abrió la boca. Parecía sorprendida de verdad, pero yo había terminado de fingir. Había dejado de ser la buena hija que les seguía el juego a las mentiras de su familia que se creía perfecta.
Vivian fue la primera en asimilar mis palabras, y los ojos se le llenaron de lágrimas. Todo era una farsa.
—Sé que no soy tu verdadera hermana, pero creí... creí que estábamos unidas. ¿Te hice algo malo? ¿Hice algo que te molestara? Por favor, dime qué he hecho mal.
Era buena. Tenía que admitirlo. Aun sabiendo la víbora que era en realidad, una parte de mí casi se sintió culpable por ser tan dura con ella... Casi.
—Nada —dije, apartando la mirada—. Solo mantente alejada de mí.
Me senté en la silla para desayunar, ignorando la tensión a nuestro alrededor. Mamá sirvió los panqueques con manos temblorosas, lanzando miradas de preocupación entre Vivian y yo.
—Quizás sea por Dominic —comentó Vivian en voz baja. Percibí su falsa preocupación—. Parecías muy enojada cuando apenas te quiso hablar. Desde anoche has estado callada.
Solo escuchar ese nombre me provocó un escalofrío en la espalda.
La expresión de mi madre cambió y me dedicó esa mirada dulce que tanto amaba. Toda mi familia sabía que yo estaba obsesionada con él. Sabían que cada mirada y cada sonrisa suya eran capaces de alegrarme el día entero. Apoyaron mis ilusiones, puesto que Dominic era el futuro Alfa de nuestra manada.
—Si ese es el caso, no deberías desquitarte con tu hermana —me recordó mi madre con ternura.
—No se trata de él —respondí, mirándola a los ojos.
La Diosa de la Luna me había concedido otra oportunidad porque mi vida pasada fue un caos. Para evitar el mismo trágico destino, la primera persona de la que debía mantenerme lo más lejos posible era Dominic.
Quizás fue porque mi voz sonó aún más fría y cortante que antes, pero el resto del desayuno transcurrió en un silencio tenso. A la hora de ir a la Academia, Vivian intentó entrelazar su brazo con el mío, como hacía siempre. En esta ocasión, me aparté.
—Hoy voy a caminar sola —dije.
—Pero siempre nos vamos juntas —protestó—. ¿Y si te pasa algo?
Qué ironía. Ella era el auténtico peligro del que yo debía huir.
—Estaré bien.
El trayecto hacia la Academia me dio tiempo para pensar. Mis recuerdos de aquella época eran borrosos. Diez años de ceguera y una muerte traumática habían difuminado los detalles.
Fue entonces cuando divisé a Dominic cerca de la entrada, rodeado de su grupito de idiotas. A sus dieciocho años, ya acaparaba todas las miradas con su cabello oscuro y sus ojos penetrantes. Estaba de pie con actitud arrogante, como si fuera el dueño del mundo, como el futuro Rey Alfa que sería. Comment by 乔楚: sería
En mi vida pasada, el mero hecho de verlo habría hecho que mi corazón se desbocara de un amor y estupidez infantil. Ahora, lo único que sentía era un odio desmedido hacia su existencia.
Vivian apareció a mi lado. Trató de recuperar el aliento. Se había dado prisa para alcanzarme.
—Allí está Dominic —dijo, dándome un codazo—. ¿No vas a ir a saludarlo?
Wow, tremenda actriz. Actuaba como si no supiera que me había pasado años arrastrándome y haciendo el ridículo por él.
—No —dije.
Observé cómo la mirada de Dominic recorría el patio hasta que se detuvo en mí. Su expresión cambió a una de fastidio, como si estuviera esperando a que yo me volviera loca y corriera a su lado para pegarme como un perro callejero.
Uno de sus amigos, Marcus, su Beta, también se percató de mi presencia.
—¡Tu sombra ya está aquí otra vez! —gritó entre risas.
Su sombra. Así me llamaban. Como si no fuera más que una mosca que seguía a Dominic a todas partes.
El grupo se rio mientras Marcus sacaba su tarjeta de crédito y la lanzaba en mi dirección. Aterrizó a mis pies con un repiqueteo plástico.
—¡Te toca comprar el café, Ellie! —me ordenó—. Lo de siempre para todos.
Me quedé mirando la tarjeta, mientras los recuerdos me golpeaban como un mazo. Durante dos años me había dedicado a comprar el café de la pandilla de Dominic, convencida de que eso me hacía formar parte de su grupo. En aquel tiempo estaba ansiosa por demostrar lo mucho que me importaba el imbécil de mi compañero.
Pero nunca fui parte de ese grupo. No era más que su sirvienta.
El patio se había quedado en silencio. Todos esperaban mi reacción. En el pasado, habría sonreído como una idiota y de inmediato hubiera salido corriendo a cumplir su encargo, agradecida por cualquier migaja de atención por parte de los amigos de Dominic.
Alcé la vista hacia Marcus, luego miré a Dominic y, por último, vi a todos los rostros que me observaban con distintas expresiones de burla y expectación.
—¿Qué se supone que significa esto? —pregunté con tranquilidad—. La verdad es que no lo capto.
Marcus parpadeó, desconcertado.
—El café. Ya sabes, lo compras todos los días.
—¿Ah, sí? —Recogí su tarjeta de crédito y caminé hacia él. La multitud se apartó para dejarme pasar. Comenzaron a murmurar mientras avanzaba.
Al llegar, me puse frente a Marcus, le enseñé la tarjeta y se la estrellé contra el pecho.
—Hoy no.