El señor Hudson irrumpió en la casa con el rostro ensombrecido por la ira y la preocupación.
Acababa de recibir una llamada de la empresa informándole sobre una drástica caída en el valor de las acciones, seguida de la noticia del escándalo de su segunda hija, el cual había sido la causa principal de aquella pérdida.
Al ver a Hellen de pie, con aspecto de una niña agraviada, su ira se disparó.
—¡Tú! —rugió furioso, sintiéndose desalentado por la constante tendencia de ella a causar problemas.
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