La discusión comenzó antes del amanecer.
Abital no había dormido.
Cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver a los asesinos.
Las hojas envenenadas.
La sangre en el suelo.
El momento en que mató a alguien con sus propias manos.
Y detrás de todo ello,
Selena.
Selena sonriendo mientras enviaba gente a asesinarla.
La rabia que residía en el pecho de Abital se sentía venenosa ahora.
Caliente. Inquieta. Viva.
Cuando la luz del amanecer se derramó por las imponentes ventanas de Piedrasangre, había to